EL PENSAMIENTO ÉTICO-POLÍTICO DE MORELOS EN LOS SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN. TRASCENDENCIA, VIGENCIA Y REALIDAD

CENTRO DE INVESTIGACION Y DOCENCIA EN HUMANIDADES DEL ESTADO DE MORELOS. CIDHEM.

ENSAYO PARA ACREDITAR EL CURSO (SEMINARIO) DE

“FILOSOFIA CONTEMPORANEA DEL LENGUAJE”.

COORDINADO POR EL DR. RAUL QUEZADA.

EL PENSAMIENTO ETICO-POLITICO DE MORELOS EN LOS SENTIMIENTOS DE LA NACION. TRASCENDENCIA, VIGENCIA Y REALIDAD.

Justino García Téllez.

INTRODUCCIÓN.

El ámbito del saber en el cual se ubica el tema, es el de la filosofía, entendida como pluralidad de filosofía. Esta consideración de pluralidad, en tanto se asume la idea según la cual, la filosofía no rompe sus nexos con la vida cotidiana del hombre como ser social, y por tanto se nutre de sus aspiraciones, sus preocupaciones y  dudas que se generan en ella, dudas que muchas veces se encarga de esclarecer, analizar, interpretar o fundamentar. La aseveración anterior amerita un breve paréntesis para explicar que cuando se hace alusión al concepto vida cotidiana,  es en relación a la vida real, vida de todos los días, donde los hombres enfrentan los requerimientos de su reproducción. Se trata de un mundo lleno de conflictos, choques de intereses y de elaboraciones axiológicas que orientan ese mundo inmediato. En Héller el concepto de vida cotidiana es más amplio, pues pone el acento en el trabajo como eje de la reproducción del particular en el mundo inmediato. Se trata pues de la filosofía vista en conexión con la historia real y con la fase histórico-social concreta en la cual surge, a la manera de Hegel, cuando dice que la filosofía es hija de su tiempo, o que es la época misma captada en conceptos. Pero además se quiere retomar la idea gramsciana en el sentido de que todos los hombres son filósofos, o bien que la filosofía es un asunto demasiado serio para que pueda dejarse exclusivamente en manos de los filósofos; lo que quiere decir que todos los hombres actúan o se comportan de acuerdo a ciertas ideas, de acuerdo a la concepción que tengan del mundo en que viven, en relación a la vida, a la muerte, al derecho, a la justicia, al arte, a la política, a la moral, etc. Los hombres asumen cierta filosofía aunque la mayoría de las veces no tengan conciencia de ello. Finalmente es entender que la vida cotidiana tiene que ver con la filosofía, y la filosofía, a su vez, tiene que ver con la vida cotidiana en la medida en que la interpreta, esclarece o fundamenta esas ideas y valores que ya se asumen en ella.

¿Por qué aludir a la pluralidad de la filosofía? La explicación a esto radica en que se vive en un mundo humano dividido, desgarrado por contradicciones antagónicas en virtud de la desigual distribución de la riqueza y en consecuencia, la existencia en él, de intereses distintos y contrapuestos que desembocan en unas relaciones sociales en las cuales prevalece el principio de hacer valer el interés personal por sobre el de los demás; de donde se colige que, si la filosofía es una reflexión sobre la situación de los hombres en el mundo, sobre las relaciones que contraen entre sí, sobre el conocimiento que ellos mismos tienen de su situación en el mundo y con ellos mismos; si se hace en una época y sociedad determinadas, es decir, en un mundo en el que se libran conflictos, choques de intereses contrapuestos y antagónicos, la filosofía no puede sustraerse a ese mundo, mas aún en cuanto es una actividad humana que pone al hombre, sus ideas y su comportamiento, como objeto de su reflexión; en ese sentido será siempre una filosofía  interesada y diversa. Corresponde a ella hacer ver que en esta sociedad, tanto la filosofía, como el arte, la moral, la política o las ciencias sociales en general, no son actividades puras o neutras ideológicamente.

En respuesta a lo que pudiera ser una pregunta en relación a cuál filosofía escoger dentro de la pluralidad, habrá que decir sin titubeos, que el autor de este trabajo se identifica con el marxismo, pero no con aquel marxismo acartonado, acrítico y dogmático; lo cual quiere decir no ser fiel a la letra de Marx sino a su espíritu, esto es, estar atento siempre al movimiento de lo real, tener presente como decía Lenin, que lo decisivo es el análisis concreto de la realidad concreta, y estar conscientes de que se asume el marxismo no como un sistema cerrado, pues la realidad en constante movimiento siempre será más rica que la teoría y por lo mismo no puede ser encasillada. En ese sentido se comparte la posición del marxismo como filosofía de la praxis, como aquella filosofía que no se limita a interpretar el mundo sino que se vincula a su transformación. Asumir la filosofía de la praxis como un eje articulador del marxismo en tanto crítica radical de lo existente, como proyecto de transformación de esa realidad y como conocimiento necesario de la realidad a transformar; por eso mismo, como consecuencia de lo anterior habrá que identificarse y estar siempre del lado de aquella que mejor responda a los intereses y aspiraciones que le den sentido a la vida, no importa si es ésta o aquélla, lo cierto es que en ello va implícito un compromiso al sustentar una posición filosófica y en consecuencia una actitud ética y una responsabilidad política

Es innegable que tanto la teoría, como las ideas y el pensamiento, definen y orientan las acciones en una determinada sociedad; y que éstos están determinados, en última instancia, por la estructura económica y social a la cual pertenecen. En esa perspectiva, la sociedad política mexicana está sustentada indudablemente en una determinada concepción del mundo y de la vida, así como en determinados principios políticos, filosóficos y éticos que le dan fundamento y esencia a las leyes que regulan los derechos humanos fundamentales, inalienables de los individuos.

OBJETIVOS.

  1. En este trabajo me he propuesto realizar una lectura y una interpretación filosófica de Los sentimientos de la Nación de Don José María Morelos y Pavón, poniendo el acento en el ser y el deber ser de tan importante documento y así tratar de arribar al encuentro y planteamiento de un orden moral y ético.
  2. Esto me induce a la búsqueda y al reencuentro con nuestra memoria histórica; misma, que en su reconocimiento, conlleva necesariamente a la organización e impulso de un proceso que arribe a la creación de una cultura democrática y participativa, dicho esto en su sentido más amplio, donde cada ciudadano tenga la posibilidad y la capacidad real de tomar decisiones.[1] Este proceso apunta hacia la creación de una cultura y de una moral pública.
  3.  Me interesa sobremanera rescatar los valores ético–políticos que impregnan el histórico documento en sus veintitrés aspiraciones que conforman el articulado.

 

PREGUNTAS A RESPONDER:

1)      ¿Después de un siglo de su declaración, han caído en obsolescencia o siguen vigentes los reclamos, las aspiraciones de Don José María Morelos en Los Sentimientos de la Nación?

2)      ¿Cuáles ideas del documento pueden o deben ser retomadas como referentes teóricos y políticos para la construcción de una sociedad política mexicana general y sobre todo para conformar una clase política más consciente y respetuosa de los derechos humanos?

3)      ¿Qué bases teóricas subyacen en Los Sentimientos de la Nación para la conformación de una sociedad más equitativa, justa y armoniosa?

4)      ¿Cuáles postulados se retoman en los planteamientos modernos como guía para acciones de construcción de una sociedad donde el individuo disfrute de libertad y bienestar que tiene derecho por propia naturaleza?

Con estas interrogantes me he propuesto encontrar tales referentes teóricos, humanistas, éticos y morales para dejarlos indicados, con la más firme intención  de que puedan ser considerados como una modesta  contribución al cúmulo de aportaciones hechas hace rato ya por teóricos calificados, para resolver la gran disparidad social existente y esperar que, a partir de su conocimiento, aplicación y observancia, pudiéramos adquirir conciencia y conducirnos (los mexicanos) hacia la búsqueda de un ambiente de justicia y bienestar  social.

Es de reconocer que esta reflexión inicial, se mueve en el campo de la utopía, pero de igual manera hay que estar conscientes, de que si no fuera por las utopías, el destino del hombre no tendría sentido. Si bien el uso de este concepto y el contexto en el que se aplica, alude a la connotación de una crítica y rechazo a la sociedad existente, al mismo tiempo perfila un ideal por conquistar y realizar, en la perspectiva de transformar la práctica política y social existente y establecer nuevas formas de relación social que tengan como objetivo primordial un desarrollo social más justo, más equitativo y armónico. En ese sentido la utopía adquiere una acepción progresista y constructiva.

Es cierto también que se encuentra uno en el campo de la interpretación de un documento; pero también es cierto que tal documento es producto y reflejo de una realidad y de una época histórica determinadas, lo que implica tiempo, lugar y circunstancias; se pretende teorizar,  interpretar el mundo como decía Marx, sólo que tal interpretación está en relación con un mundo por transformar; a este respecto es importante citar a Sánchez Vázquez, en relación a la Tesis XI de Marx sobre Feuerbach:

La praxis se entiende como una actividad práctica humana, subjetiva y objetiva a la vez, ideal y real, espiritual y material, que desemboca en la transformación práctica, efectiva, del mundo del hombre; por tanto, se trata no sólo de transformar su conciencia, sino las relaciones e instituciones sociales que condicionan su conciencia, su subjetividad…se trata a su vez de una teoría que no se limita a interpretar el mundo, a dar razón de él, sino que somete a crítica todo lo existente a la vez que funda y esclarece las posibilidades de su transformación, con lo cual se inserta en este proceso práctico.[2] 

HITOTESIS DE TRABAJO:

La hipótesis de trabajo que ha orientado esta investigación es la incongruencia existente entre el contenido de la ley en general y la vida real de la gran mayoría de los mexicanos en cuanto a sus derechos sociales, económicos, políticos, agrarios, tanto de los hombres, como de las mujeres, los niños, los discapacitados, los pueblos indígenas; en suma: de la inobservancia de sus derechos humanos. Esto es, que el contenido ético–político de los Sentimientos de la Nación, está muy lejos de hacerse realidad en las condiciones actuales.

METODOLOGIA:

He considerado importante, para el análisis o interpretación del pensamiento teórico de índole filosófico o político, tomar en cuenta las condiciones sociales y económicas de la emisión del discurso, recurrir un tanto a la historia y  tratar de encontrar en ella algunas de las múltiples determinaciones de la conciencia del hombre; las contradicciones entre su yo y  su mundo, ese mundo dentro del cual, al fin y al cabo, fue la más alta expresión, al dar respuesta a una serie de problemas concretos en los que muchas veces se jugaba la existencia, pero de las cuales sin embargo, dependían sus relaciones consigo mismo, con los otros y con el mundo trascendente.

Sin embargo, dada la exhaustividad de la temática y la disponibilidad de tiempo, de alguna manera he tratado de ser más bien indicativo; seguir el hilo que condujera, a través de las ideas, pensamientos, acciones, obras escritas, documentos, cartas, proclamas, en fin, todo lo que pueda estar al alcance relacionado con fuentes teóricas y orígenes de los Sentimientos de la Nación, en un recorrido hacia el encuentro con su contenido ético y político, hasta arribar a su promulgación en el Congreso de Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813 por Don José María Morelos.

La investigación conlleva necesariamente una lectura cuidadosa de Los Sentimientos de la Nación, cuyo análisis gira en torno al eje articulador de los conceptos de libertad y soberanía así como de su interrelación e interdependencia.

MARCO TEORICO HISTORICO:

El trabajo encuentra algunos antecedentes de índole histórica en John Locke, a partir de que la lectura de los Sentimientos de la Nación va desde la idea del Liberalismo; basta recordar que en los siglos XVII y XVIII tal filosofía representó el programa ideológico de la burguesía en ascenso. Locke tiene innumerables vertientes, pero aquí me interesan fundamentalmente sus ideas sobre los derechos humanos que a la vez tienen que ver con su concepción sobre la sociedad política.

Al margen tal vez, de su teoría del estado de competencia, me llama la atención ver cómo conjuga y desarrolla esa tríada de los derechos humanos: la libertad, la vida y la propiedad, los cuales en su concepción están de tal manera interrelacionados que forman un sistema en el que una norma está vinculada necesariamente con las otras.

En esta triple fórmula lockiana, los derechos se reflejan unos en otros de tal manera que la libertad y el derecho a la vida presuponen el derecho a la propiedad, puesto que el individuo es, según su esencia, poseedor de sus fines y fuerzas vitales.

De la misma manera, el derecho a la propiedad y el derecho a la vida, como tales, son libertades puesto que posibilitan el espacio para la realización de la voluntad de la persona que se expresa en la elección de su vocación, en la elaboración de sus fines, en la libertad de su conciencia.

Por lo que respecta a su teoría del estado, de la sociedad política y de un gobierno civil, me interesan por cuanto a la idea de un régimen parlamentario como mejor forma de gobierno, pero fundamentalmente por cuanto considera los poderes legislativo, ejecutivo y federativo; por cuanto estos poderes deben actuar conforme a la voluntad de la mayoría, pues dentro de su concepción, no cabe la idea de un gobierno del pueblo, sino de un gobierno para el pueblo.

De igual manera he abordado algunos antecedentes generales de la Ilustración. Interesa señalar este movimiento, porque es la reafirmación de todo el bagaje cultural, político, humanista  y científico que se había venido generando desde el Renacimiento inclusive desde los siglos XVI y XVII, y porque representa, asimismo, una época de madurez en la que surge el Liberalismo como una filosofía, como una ideología y una cultura que refleja los intereses de la burguesía y un avance progresista para su tiempo, pues su lucha daría paso a una nueva formación social. Además de que el Siglo de las Luces se caracteriza igualmente por su marcado interés en los problemas relacionados con la organización social y política.

El pensamiento de Rousseau en este trabajo es igualmente importante porque se encuentran en él los elementos humanistas más significativos y que han trascendido e incidido en la conformación del pensamiento independentista hispanoamericano. Si bien es cierto que ya en todo el ámbito social del siglo XVIII campeaba la idea de libertad, la concepción del ginebrino implica como novedad la conjugación de dos aspectos íntimamente relacionados que son derecho y deber, según podemos apreciarlo en El Contrato Social.

En cuanto a la concepción de Soberanía de Rousseau, he obviado la polémica de éste, con los filósofos contractualistas, y resaltar solamente que el problema fue abordado por ellos considerado desde dos aspectos: por una parte el del dogma teológico que lo concibe como derivación de una voluntad divina, en tanto que el poder le viene de Dios al Soberano o Monarca, de tal suerte que la ley derivaría entonces de éste y por la otra determinando y delimitando la pura esfera del derecho frente a la esfera estatal y protegerla, igualmente, frente al absolutismo de Estado. En suma, se trata de la definición del Derecho en el marco de la lucha entre dos posiciones fundamentales: una concepción teocrática y la otra de un estado absoluto, un estado al estilo hobbesiano, tipo leviatán.

Rousseau, a diferencia de los contractualistas –incluyendo a Locke– quienes consideran los derechos de los ciudadanos como derivados del acto contractual, los concibe a la inversa, esto es: la fórmula del contrato es consecuencia de aquellos derechos en los cuales, por supuesto, se incluye la libertad como uno de los derechos fundamentales de la naturaleza humana; y ya en este ámbito habrá que decir que esta idea de naturaleza humana, para Rousseau, no pertenece al orden del conocimiento sino al orden de los valores y en este sentido no es una verdad intelectual sino una verdad moral que se expresa en el principio de la personalidad entendida no como dato, o como hecho, sino como exigencia de desarrollo.

Así entonces, se trata de sentir las exigencias éticas de la personalidad más que de analizar sus condiciones de hecho, de tal suerte que en una controversia relacionada con problemas éticos debe sobreponerse el criterio de lo verdadero por encima de lo real, en el entendido de que la verdad moral no consiste en lo que es sino en lo que es bueno. Por tanto, cuando la realidad de los hechos contrasta con las exigencias morales, la resolución debe darse a favor de éstas. Se trata de que la realidad legal debe dar paso a la verdad moral. En El Contrato Social, que no es más que la fusión de todas las voluntades particulares para constituir una sola, Rousseau responde a dos problemas centrales: uno relacionado con el origen de la sociedad y el otro con el fundamento de la validez de la ley como expresión de Soberanía.

Otro dato importante lo encontramos en la situación social y política de la Nueva España, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Retomo la caracterización de algunos teóricos, respecto al movimiento de independencia mexicana, como una lucha de clases[3]. valga la consideración al decir que, en ese momento histórico, la lucha de clases también se daba a nivel continental, –esto es, de la clase dominante española (la clase en el poder), ubicada tanto en la península como a través de sus representantes en la colonia–, contra la clase colonizada, dominada y desposeída, formada por indios, mestizos, algunos criollos pobres y demás castas; y que tal contradicción se encontraba en ese momento en una situación tal que ninguna de las dos clases era lo suficientemente fuerte y capaz de imponerse a la otra; la primera por seguir conservando sus privilegios y la segunda por liberarse de la opresión.

En la búsqueda del contenido ético y político de Los Sentimientos de la Nación, considero igualmente necesario hacer referencia de manera muy breve a los Jesuitas, para dejar indicado que jugaron un papel muy importante, –talvez valdría decir contestatario–, en la justificación teórica del dominio español sobre la Nueva España; por ejemplo, cuando en el siglo XVI Francisco de Vitoria argumenta que tal dominación obedecía a un mandato divino, de tal suerte que la teología, desde los propios jesuitas, pasando por Hidalgo y hasta el propio Morelos jugará un papel de arma de combate en la lucha por la independencia y la libertad de los mexicanos; de ahí que el uso de la imagen de la virgen María de Guadalupe no haya sido una acción casual.

En esta línea de interpretación, del Maestro Miguel Hidalgo y Costilla interesa hacer notar dos aspectos que parecen relevantes: el primero tiene que ver con la posición que asume y desarrolla desde las entrañas mismas de la Iglesia Católica a raíz del avance del conocimiento científico y consecuentemente del método que él como cura adopta: sostendrá desde una posición teológica positiva, una línea de pensamiento filosófico de carácter racional relacionada con lo natural, a través de la cual se permite la explicación de Dios no sólo en abstracto, sino también hecho hombre, de carne y hueso, lo cual tiene que ver necesariamente con su situación y su modo de vida. El otro aspecto es propiamente un complemento del primero; es la consecuencia práctica de su modo de pensar, el pretender trascender lo meramente utópico y hacer realidad el bienestar de los hombres de la América Septentrional encabezando la lucha por la independencia que de suyo implica reivindicar el valor supremo de la soberanía, la libertad, la igualdad y la dignidad humanas, conceptos que intrínsecamente son compatibles con los principios de su fe, expuestos en su Disertación Teológica.

MARCO TEORICO:

En la visión ética y política del contenido del documento, se parte de la idea de que la ética debe hundir sus raíces en el hecho moral, en el campo moral –que no es más que la propia existencia histórico-social del hombre que se desenvuelve en su vida cotidiana vista como un determinado sistema que regula las relaciones entre los individuos o bien entre éstos y la comunidad– en la perspectiva de que como cualquier teoría tiene la tarea de explicar, esclarecer o investigar una realidad dada produciendo los conceptos correspondientes. En consecuencia, si la moral está íntimamente relacionada con la actividad práctica del hombre tanto en sus aspectos material como espiritual, luego entonces –de entrada–, desde la óptica de la ética asume la concepción filosófica del hombre visto como un ser social, histórico y creador, lo que implica necesariamente  hacer uso de los valores de la libertad, la necesidad, la igualdad, la responsabilidad, la dignidad y la felicidad. Estos valores son abordados desde el ethos, en su acepción de modo de ser y, aun cuando esta categoría lleva también a la idea de estabilidad, consistencia, persistencia, identidad y fidelidad a sí mismo, el aspecto que interesa aquí es el que implica movimiento, cambio, transformación.

En cuanto a la política, se parte igualmente de la idea de una red de relaciones entre individuos o bien entre éstos y los miembros de una comunidad; desde esta perspectiva, las relaciones tienen que ver con una serie de normas, sólo que aquí, estas normas tienen que observarse entre gobernantes y gobernados o bien entre estados. Se está hablando de relaciones en una estructura de poder, lo que quiere decir, forma de gobierno, donde los objetivos son crear, constituir o mantener el poder en un determinado tipo de sociedad política. Como se ve, la visión ética y política tienen un objeto en común: el comportamiento de los individuos en sociedad, que los hace ser en cierto modo interdependientes; sin embargo una y otra tienen enfoques distintos: la política versa sobre hechos y su discurso pretende explicar el paralelogramo de fuerzas que mueven a la sociedad en una situación de causa a efecto y de medios a fines, en tanto que la ética pretende ver en el cumplimiento de tales normas y hechos una realización de valores objetivos, cuyo discurso pretende justificar tales acciones en tanto realizan valores deseables.

En suma, se habla de fines deseables y preferibles en el campo de la ética, en tanto que se habla de eficacia de los medios en la política, aspectos que se enlazan armoniosa y propositivamente en los Sentimientos de la Nación.  

Un elemento más a considerar es aquel que tiene que ver con la responsabilidad, de ahí que sólo cabe hablar de comportamiento moral cuando el sujeto que así se comporta es responsable de sus actos, lo que permite considerar el supuesto de que el individuo ha podido hacer lo que quería hacer, es decir, de que ha podido elegir entre dos o más alternativas y actuar de acuerdo con la decisión tomada. Este acto moral con responsabilidad está estrechamente ligado de manera inseparable, al problema de la libertad de la voluntad, lo cual quiere decir que el individuo tiene o debe tener la capacidad de decidir y obrar en una situación concreta, lo que implica un problema práctico-moral.

Otros tipos de problemas éticos son también el de la obligatoriedad moral, es decir, la naturaleza y fundamentos de la conducta moral en cuanta conducta debida, así como el de la realización moral, no sólo como empresa individual, sino también como empresa colectiva. En el entendido de que los problemas éticos se caracterizan por su generalidad que los distingue de los problemas morales de la vida cotidiana, por ejemplo aquellos que nos plantean situaciones concretas. Sin embargo, desde el momento en que hay solución para los primeros, es decir, los problemas de carácter general, desde ese momento influyen en la moral vivida y puede contribuir la ética a fundamentar o justificar cierta forma de comportamiento moral. En todo caso, es preciso dejar perfectamente claro que la tarea fundamental de la ética es la que corresponde a cualquier teoría, esto es, la de explicar, esclarecer o investigar una realidad dada produciendo los conceptos correspondientes. Aunque habrá que tomar en cuanta su historicidad, pues la realidad moral varía históricamente y con ella sus principios y normas.

En tal perspectiva, la ética tiende a estudiar un tipo de fenómenos que se dan efectivamente en la vida del hombre como ser social, en determinado tiempo, lugar y circunstancias, constituyendo lo que llamamos el mundo moral.

La conducta moral es propia del hombre como ser histórico, social y práctico, es decir, como un ser que transforma conscientemente el mundo que le rodea; que hace de la naturaleza exterior un mundo humano a su medida y que, de igual manera, en la medida en que transforma ese mundo natural, transforma su propia naturaleza.

El comportamiento moral no es, por tanto, la manifestación de una naturaleza humana eterna e inmutable, dada de una vez y para siempre; se trata de una naturaleza que está siempre sujeta de transformación, lo que constituye justamente la historia de la humanidad. En consecuencia, la moral y sus cambios fundamentales no son sino una parte de esa historia humana, de ese proceso de producción y auto transformación del hombre que se manifiesta en diversas formas, estrechamente vinculadas entre sí: desde sus formas materiales de existencia a sus formas espirituales a las que pertenece la vida moral.

De donde se desprende que si la moral es inseparable de la actividad práctica del hombre, tanto en sus aspectos material como espiritual, la ética no puede dejar de tener nunca como fondo una concepción filosófica del hombre que no sea aquella que nos da una visión total de éste como ser social, histórico y creador. Sin duda que todos los conceptos que la ética maneja dentro de su campo de un modo específico como la libertad, la necesidad, el valor, la conciencia, etc. presuponen un esclarecimiento filosófico previo.

Además de los referentes anteriores interesa mostrar otro enfoque no menos importante. Se trata del ethos, que independientemente de cualquier otro significado, interesa aquí destacar el que tiene que ver con el ethos humano, aquel que se refiere al espacio–temporal del hombre en tanto que carácter, en el sentido de modo de ser. En tanto que disposición o forma de estar ante el mundo, ante los otros.

El ethos sin duda lleva por una parte a la idea de estabilidad, consistencia, persistencia, fidelidad a sí mismo e identidad. Cierto, pero por la otra, en tanto que acción, el ethos implica también dinamismo, movimiento, cambio, transformación, y es en este aspecto donde incide el interés de este trabajo.

A este respecto dice Juliana González:

 

El ethos no es inerte, sino al contrario, es actividad permanente, libre creación y recreación, libre renovación de sí mismo, desde sí mismo. Es praxis y es póiesis. De ahí que –como se suele reconocer—la idea más aproximada al significado del ethos sea la de segunda naturaleza. El ethos es ciertamente nueva naturaleza, naturaleza libre, naturaleza moral, creada sobre la primera naturaleza (natural) originaria: la physis, a partir de ella. El ethos, en efecto, sobrepasa, trasciende permanentemente la mera naturaleza creando un nuevo orden de necesidad, un nuevo destino; es,  paradójicamente, forma libre de fatum (destino, sino). Consiste él mismo en un perpetuo emerger desde sí mismo; es arte moral, y como todo arte, obra de esfuerzo continuado, disciplina, perseverancia. Es una práctica cotidiana como la de cualquier artista. Tiene la naturalidad del arte auténtico. El ser humano es –como afirmaba Aristóteles—padre  y a la vez hijo de su propio carácter o ethos. En el ethos se funden la naturaleza y la libertad; es la literal sobre-naturaleza humana, clave misma de la ética: libre y necesaria, necesaria y libre, al mismo tiempo… Los fines éticos son ciertamente, meta propia de la vida humana: la felicidad.[4]

En cuanto a la acepción de Política, se retoma la concepción de Aristóteles, para quien significa “ciencia suprema, ciencia del bien general”. O también considerada como el “arte de la conducción del Estado”. En ese sentido, se trata de la actividad encaminada a establecer las relaciones entre los miembros de una determinada sociedad, con el objetivo de crear, constituir, conquistar, mantener y hacer uso del poder de un determinado tipo de estado.

Desde esta visión, la política tiene que ver necesariamente con un conjunto de normas que deben seguirse y observarse entre los gobernantes, los gobernados y por supuesto en su relación con otros estados. En consecuencia, hablar de política es hablar de formas de gobierno, además de que dentro de la misma línea aristotélica, el hombre es por naturaleza un animal político en tanto que miembro de una polis, de una determinada sociedad que es la que le da su esencia como tal. Sin embargo, aun cuando la Ética y la Política tienen en su dimensión social un objeto común, esto es, los individuos, no obstante, en cuanto a su comportamiento en el campo social, una y otra consideran ese objeto desde diferentes puntos de vista.

La Política aborda los comportamientos del hombre (cuando se utiliza el concepto hombre, se hace desde el punto de vista genérico, para hacer referencia indistintamente a hombres y mujeres) en su relación con una estructura de poder, en tanto que este poder se ubica en la esfera de los hechos sociales. Desde esta perspectiva, la Política pretende ser un saber sobre hechos, dentro de los cuales, sus juicios intentan explicar el juego de las fuerzas que mueven a la sociedad, sus relaciones y las situaciones efectivas que surgen de ellas; tales explicaciones se van a expresar en proposiciones descriptivas y en juicios de relación de causa a efecto y de medios a fines obedeciendo una racionalidad teórica instrumental. De tal manera que el discurso de la Política responde a cuestiones que tienen que ver con los factores que producen una situación social. Por lo que respecta a la Ética, ésta aborda tales comportamientos en cuanto cumplen determinadas normas e intentan realizar valores objetivos, valores que como es de suponer, se ubican en el campo del deber ser.

En ese sentido, la Ética pretende ser un conocimiento relativo a los valores, independientemente de que existan o no de hecho. De tal manera que sus juicios tratan de justificar una acción o acciones colectivas en tanto que estas acciones realizan valores deseables, para lo cual utilizan expresiones valorativas o preceptivas que no sólo se refieren a lo que efectivamente desean individuos o grupos, sino también a lo que sería deseable para ellos.  Aquí, en la ética, se sobreponen los fines  deseables, a la eficacia de los medios, recurriendo a una racionalidad práctica.

Se consideran entonces dos tipos de discursos: uno, el de la Política, que se caracteriza por ser explicativo, el otro, el de la Ética, que se caracteriza por ser justificativo; sin embargo, a pesar de ser distintos, se requieren mutuamente porque se complementan para dar razón del sujeto social. Es por eso que cualquier poder que pretenda alcanzarse, ser realmente efectivo, ejercerse y mantenerse, necesita forzosamente de la adhesión de por lo menos una parte de la sociedad; por eso mismo, la oferta política debe planteársele de tal manera que le parezca deseable, atractiva y benéfica. Tal alternativa debe proclamar la realización de valores objetivos y justificar así la propuesta de un bien común.

Desde los Sentimientos de la Nación se pueden hacer muchas interpretaciones, mismas que pueden ser abordadas desde una visión histórica, sociológica, religiosa, filosófica, ética, política, etc. Interesan hoy, los dos últimos aspectos, lo ético y lo político; por lo mismo, en este trabajo se deja de lado lo relacionado con la historia personal de Morelos; igualmente la idea relacionada con la caracterización de los Sentimientos de la Nación como base y fundamento del constitucionalismo mexicano; esto, ameritaría por supuesto una lectura de otro tipo en la que seguramente se involucrarían controversias entre las concepciones teóricas o ideológicas de los actores incluido Morelos.

ALGUNOS ANTECEDENTES EN CUANTO A LA FORMACIÓN INTELECTUAL DE MORELOS:

Brevemente se señalan algunas de las posibles influencias que incidieron en la formación y consolidación del pensamiento de Morelos, auxiliándonos de los valiosos estudios de campo realizados por el maestro Herrera Peña. Fuentes que desde luego no las podemos encontrar en ninguna otra parte como no sea en el lugar en donde realizó sus estudios: la lectura de los clásicos, el análisis, la disertación y por supuesto el trato personal y ejemplar de sus maestros.

Cuando fue interrogado respecto de sus estudios en el momento del juicio que le siguió el tribunal de la inquisición, él contesta que estudió gramática, filosofía y moral y no otra facultad;  sin duda alguna que para ese entonces tales estudios se hacían en la Facultad de Artes.

Esto mismo equivale a decir que hizo los estudios correspondientes a latín, la Facultad de Humanidades y el Seminario, o bien que obtuvo el dominio de la lengua universal, el grado de Bachiller en Artes y las órdenes sacerdotales.

El estudio de la Gramática y la Filosofía se hace en la Facultad de Artes; el de la moral, en el Seminario. Morelos tendrá la oportunidad de aprender en su época de colegial que las Artes –la Gramática, la Retórica y la Filosofía—constituyen la materia básica del saber –desde la escuela de Alejandría—y que se dividen en liberales y mecánicas; artes liberales porque las ejercen los hombres libres, a diferencia de las otras, las mecánicas o manuales, propias de esclavos. Las Artes Liberales eran siete en la Antigüedad, divididas en dos grupos: el trivium  y el cuadrivium: las tres y las cuatro vías del conocimiento respectivamente. Las tres eran Gramática, Retórica y Dialéctica o Lógica. Las cuatro complementarias, Aritmética, Geometría, Astronomía y Música… las artes liberales son la base de la enseñanza universitaria en todos los países del mundo…La Facultad de Artes, en la jerga universitaria será llamada Facultad menor.[5]

Los estudios de Gramática, equivalen en otras palabras al estudio del latín, de tal manera que nadie en esa época podía acceder al conocimiento de las ciencias, la filosofía, la historia, el derecho, la teología y la música, si antes no dominaba el latín, lo que implicaba, leerlo, hablarlo, entenderlo y escribirlo. Morelos conocía de las lenguas clásicas no sólo el latín sino también el griego, lo cual sin duda le permitió conocer las ideas y el pensamiento de personajes de altos vuelos como Alejandro Magno, Julio César, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás, Virgilio, Tertuliano, Cicerón y por ende conocer y admirar la historia de esas tres grandes civilizaciones representadas por ellos: la griega, la romana y la cristiana.

Comenta Herrera Peña a propósito del latín, y como parte del discurso que conjeturalmente pone en boca de Don Miguel Hidalgo en el momento inaugural de los cursos en el Colegio de San Nicolás, a los cuales recién acababa de ingresar el colegial Morelos:

Pero aprender Gramática tiene otra utilidad igualmente importante — no menos práctica  que la anterior—: al hacernos ciudadanos de todos los reinos, es decir, de todas las naciones, el latín nos permite comunicarnos con hombres de nuestro propio tiempo, aunque residan en lejanos y apartados países, pertenezcan a la raza que pertenezcan y hablen el idioma materno que hablen… El latín no es una lengua muerta. Es el idioma vivo con alcances universales. Es el lenguaje de las iglesias y las universidades, de los sabios y los santos, de los filósofos y los poetas. Es el lenguaje de las ciencias y el derecho, de la astronomía y de la medicina… sin el latín, única lengua permitida en las aulas, nadie puede aspirar a un título universitario ni a un orden religioso.[6]

El método empleado en el estudio y análisis de tales personajes implicaba hacerlo en su propia lengua, ejercicios con los cuales abre la posibilidad de lograr pericia en la misma, y para el caso del latín permite a su vez lograr pericia tanto en el castellano, como en italiano, francés y demás idiomas neolatinos. Una ventaja adicional y no menos importante era, que quien aprendía el latín de esa manera como se enseñaba en el Colegio de San Nicolás ayudaba a crear disciplina, formar el carácter, modelar el espíritu, fortalecer la voluntad, reforzar y consolidar la conciencia.

De lo anterior se desprende que Morelos al igual que su maestro Hidalgo, tuvo en sus manos la posibilidad que desde luego logró realizar de ser un hombre culto, humanista y por lo mismo sensible al dolor y el sufrimiento humanos.  

ANALISIS E INTEPRETACION DE “LOS SENTIMIENTOS DE LA NACION”.

Planteados así tales referentes al considerar que se podría iniciar un trabajo relacionado con los Sentimientos de la Nación redactados por Don José María Morelos y Pavón, atrajo mucho mi atención –dejando de lado por ahora lo que para el constitucionalismo mexicano representa: las raíces del derecho positivo mexicano–, lo relativo a los derechos humanos; aquellos que son inherentes a la esencia misma del hombre; los derechos que son inalienables e imprescriptibles; los que son concebidos como parte natural del hombre, y que forman parte fundamental de su esencia, como el derecho a la vida, lo que implica necesariamente el derecho a la libertad y el derecho a la igualdad.

Impulsar su reivindicación en el caso de Morelos conlleva de suyo a englobar tal exigencia en el marco del pensamiento humanista, aquel que emergiera en el viejo mundo con el Renacimiento, mismo que al expandirse por todos los ámbitos y trascender las fronteras del tiempo y el espacio, encontrara eco en la América Septentrional, en la Nueva España, con Don Miguel Hidalgo y Costilla.

Así lo expresa Morelos en el primer punto del articulado:

“Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones.”

Interesa sobremanera destacar aquí tres elementos que nos parecen esenciales, mismos que a luz del pensamiento de la época y el momento del proceso revolucionario independentista, pretenden sentar las bases de lo que será un nuevo orden social a medida que se va destruyendo el anterior y son: la libertad, la independencia y como parte consustancial de ellas, la soberanía.

Las ideas, concepciones políticas y aspiraciones de quienes con él participan en el movimiento se expresan claramente en el concepto libertad, como uno de los derechos fundamentales e inalienables del hombre. La libertad, como atributo específico de la condición humana, cuyo ejercicio implica necesariamente la consecución del beneficio personal y colectivo, la utilidad, felicidad, superación y mejoría de la sociedad entre sus principales fines éticos.

Tal precepto encierra un humanismo en el cual la dignidad humana representa la capacidad del hombre de decidir respecto de su propio ser y su propio destino, un humanismo en donde la dignidad está puesta precisamente en la libertad.

Contrariamente a lo que algunos de sus biógrafos sostienen, un estudioso de la filosofía y de la ética como Morelos, no pudo haber pasado por alto el reconocimiento del humanismo como una concepción ética y en una unidad esencial e indisoluble con ella, lo cual lleva implícito un saber profundo del ser humano; ente social en el cual cabe fundar el mundo de los valores en general y desde donde se derivan, en particular, ciertos valores e ideales éticos que se distinguen precisamente por estar cifrados en la libertad y la igualdad humanas.

Así resume sus aspiraciones cuando le hace saber a Don Andrés Quintana Roo

Quiero que tenga (la nación) un gobierno dimanado del pueblo y sostenido por el pueblo… Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad; que todos somos iguales pues del mismo origen procedemos; que no haya privilegios ni abolengos; que no es racional, ni humano, ni debido, que haya esclavos, pues el color de la cara no cambia el del corazón ni el del pensamiento; que se eduque a los hijos del labrador y del barretero como a los del más rico hacendado; que todo el que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, que lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el  arbitrario[7].

Consciente de que los impulsos naturales del ser humano detestan la esclavitud y le obligan a aprovechar cualquier oportunidad que se presente para obtener su libertad, Morelos expresa claramente en el primer punto de los Sentimientos, que la América es libre e independiente porque no consideraba el gobierno de la metrópoli legítimo en sus principios, sino por el contrario, ilegal, tirano, bárbaro y porque además tal gobierno no deriva de la fuente pura del pueblo.

Pensaba que si para los españoles era un heroísmo luchar contra la tiranía de Napoleón, los insurgentes no eran tan viles que estuvieran dispuestos a soportar el yugo peninsular que solamente tenía por base la ambición desmedida, sino que ya era tiempo de terminar con la explotación de las riquezas americanas que habían servido para fomentar y sostener el despotismo de los europeos.

De esta manera, Morelos se elevaba sobre el pensamiento político de su época exclamando para ejemplo de las generaciones venideras, que todas las naciones eran libres y estaban autorizadas para formar el gobierno que les conviniera y no tenían por qué ser esclavas o depender de otras. Sobre estas bases establecía la libertad como un derecho natural, inherente al hombre desde que es creado.

La independencia de América entendida como un derecho inquebrantable porque no se le podían negar injustamente lo que otros pueblos querían para ellos. Por eso dirá en el punto cinco de los Sentimientos, que

La soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en legislativo, ejecutivo y judiciario, eligiendo las provincias sus vocales, y estos a los demás, que deben ser sujetos sabios y de probidad.[8]

Para Morelos la soberanía era lo más sagrado de las naciones y si algunas la transmitían a los monarcas, cuando estos se ausentaban, morían o caían en cautividad, esa soberanía volvía nuevamente al pueblo, que era libre para formar las instituciones políticas que le convinieran.

Indudablemente Morelos, estaba plenamente consciente y tenía la firme confianza en la capacidad creadora de la libertad y la fuerza de la virtud que ella representa para trascender ese mundo conocido por él que nos describe Antonio Arriaga, …como un mundo dramático en el cual una inmensa mayoría de campesinos sumidos en la pobreza se encuentran frente a unos cuantos ricos dueños de la tierra, drama en el que se mezclan el bien y el mal, el sufrimiento y el goce, la desesperanza y el afán eterno de superación.[9]

Que asimismo haya concebido la virtud como la voluntad de acción, como fuerza de decisión que permite transformar el mundo interno y externo, humanizar al hombre y su medio creando nuevos valores y fines que le den sentido a su vida.

que los estados mudan costumbres y, por consiguiente, la patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal y  echando fuera de nuestro suelo al enemigo Español, que tanto se ha declarado contra nuestra patria.[10]

 

 

No cabe la menor duda que Morelos reivindica aquí a Montesquieu, sobre todo en Del espíritu de las leyes, pues en él se encuentran ideas que se refieren a la virtud, al amor a la patria, al amor a la república:

pero la virtud política es una renuncia a sí mismo, lo más difícil que hay. Se puede definir esta virtud diciendo que es el amor a la patria y a las leyes. Este amor, prefiriendo siempre el bien público al bien propio, engendra todas las virtudes particulares, que consiste en aquella preferencia… La virtud, es una república, es la cosa más sencilla: es el amor a la república; es un sentimiento y no una serie de conocimientos, tanto el último como el primero de los ciudadanos pueden probar este sentimiento…El amor a la patria mejora las costumbres, y la bondad de las costumbres aumenta el amor a la patria[11].

Morelos pudo así haber entregado lo más preciado que puede tener un ser humano, la vida, en pro de la patria, en aras de la libertad, asumiendo la responsabilidad  individual de seguir la lucha por la libertad, consciente de que era un imperioso deber moral, en tanto que su libertad conllevaba otras libertades. Entendiendo que la libertad sólo es un valor moral, es decir, una de las condiciones primordiales de la vida moral en la medida que favorece nuestra ascensión a una forma superior de existencia personal y comunitaria y en la medida también en que debe favorecer el bienestar, la justicia social y la felicidad de vivir.

En ese sentido, Morelos y quienes con él encabezaron la rebelión sabían bien qué querían y qué hacían. La violencia y lo intempestivo de la lucha, si bien impidieron la formulación de programas y manifiestos explicativos amplios y precisos, no evitaron que Hidalgo, Rayón y Morelos manifestaran que se separaban de España, que recobraban la libertad y luchaban contra su dominación. Que la organización sería por medio de un Congreso de villas y ciudades, por la vía democrática, con lo cual se constituiría un gobierno basado en el sistema de división de poderes. Que México establecía un sistema de libertad en el que no habría esclavos ni discriminación de grupo alguno; que todos serían americanos a los cuales distinguiría únicamente el vicio o la virtud.

Morelos, al retomar los ideales de Hidalgo, convoca al congreso en Chilpancingo y encausa la formación de un gobierno basado en la división de poderes, asumía el convencimiento pleno de que era necesaria la autonomía de la nación y su conformación y organización con base en una legislación nueva que recogiera las aspiraciones populares y los principios jurídico políticos más avanzados que garantizaran el estado de derecho, la justicia y el bienestar. Más allá de esta aspiración plasmada en los Sentimientos de la Nación, cobrarían forma en lo que sería la primera constitución mexicana, la Constitución de Apatzingan, en donde se verían reflejados derechos como el goce de la igualdad, la seguridad, la propiedad y la libertad. Dicha ley suprema era concebida por sus creadores como la expresión de la voluntad general.

En ella por fin se garantizaban las aspiraciones del pueblo de ser libre, de tener garantías para todos, de estar regidos por una ley para todos que les reconocía el derecho a la cultura y  la educación. Los puntos sobresalientes de dicha ley se resumen en este párrafo, que son los capítulos fundamentales en que estriba la forma del nuevo gobierno independiente:

la profesión exclusiva de la religión católica apostólica romana, la naturaleza de la soberanía, los derechos del pueblo, la dignidad del hombre; la igualdad, seguridad, propiedad, libertad y obligaciones de los ciudadanos, los límites de las autoridades, la responsabilidad de los funcionarios, el carácter de las leyes[12]

De tal manera que con esto, los diputados que junto a Morelos se encargaban de organizar el país y darle leyes justas y eficaces, entregaban a la nueva nación independiente, un cuerpo de leyes fundamentales en las que se contiene precisamente uno de los Sentimientos más preclaros del Siervo de la Nación, contenido en el artículo 12:

Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto. [13]

Queda implícito en el marco de esta acción legislativa, la “abolición del gobierno tiránico y su sustitución por uno de corte liberal”; sin embargo, “para que la patria sea del todo libre y nuestra”, habrá que cambiar las costumbres. Tal es la aspiración contenida en el artículo once.

Es indudable que Morelos tendría presente que si no se superan las condiciones materiales de vida como son el trabajo, el medio familiar, la salud, el grado cultural, el alimento, el vestido, la vivienda, etc., difícilmente se podría arribar a mejores niveles de existencia, por lo que en su momento habría que convertir la lucha por cambiar esas condiciones, considerándolas como el marco indispensable del ejercicio de la libertad.

Porque sin duda, por regla general, la miseria y su gemela la ignorancia, hacen si no imposible, difícil el acceso humano hacia la liberación, esto es, hacia el más alto grado posible de esencialidad humana, de ahí que en nombre de la moral deben ser combatidas.

Dos referencias obligadas cabría hacer a este respecto (por la importancia que para ellos representa el humanismo y la libertad): Simone de Beauvoir: “Lo propio de toda moral es considerar la vida humana como una parte que puede ganarse o perderse, y enseñar al hombre el medio de ganarla. … la libertad es la fuente de donde surgen todas las significaciones y todos los valores”.[14] Congruente con el pensamiento anterior, cabe aquí una frase de Eduardo Nicol, cuando dice en Humanismo y ética, que: “El humanismo no es un saber, sino una forma de ser”.

Los ideales de libertad, independencia, igualdad, soberanía, voluntad general, división de poderes, elección democrática de representantes, durabilidad en sus funciones o cargos, dietas a los diputados por los servicios prestados, creación de leyes, etc. en suma, el cambio de costumbres. Todo esto, que representa la expresión de un modo de vida de una determinada sociedad, implica una tarea obligada para identificar la forma, para encontrar el cómo lograr tan magnos objetivos. Por eso mismo, se considera altamente significativo el contenido implícito del artículo 12 de los Sentimientos de la Nación, porque desde nuestro punto de vista, ahí está indicada la idea que se requiere desarrollar, esta idea es la que se refiere a la educación.

Morelos aspira, a que en la nueva nación se dicten buenas leyes para que a través de ellas se puedan adquirir nuevos valores como el patriotismo, el amor a la patria y el cambio de costumbres; pero al mismo tiempo requiere en el artículo 14 que quienes hagan tales leyes sean personas sabias, se entiende que no solamente lo sean en el sentido de amplios conocimientos científicos sino también con sólidos criterios morales y sensibles a las contradicciones de la realidad social;  de tal manera que la creación y aplicación de las leyes no den lugar a vacíos; que su aplicación no permita distingos de ninguna índole ni privilegios, como son también sus deseos en el artículo 13 del mismo documento, sino que siempre se vean encaminadas a la búsqueda del bienestar general.

Todo ello implica necesariamente crear otro tipo de hombre, un hombre nuevo, un ciudadano consciente, libre y culto, para poder entonces diferenciar a un americano de otro por el vicio o la virtud y hacer vigente la máxima de Bolívar de ser cultos para ser libres.

Con estas aspiraciones, Morelos está adelantando una utopía, utopía cuyo planteamiento implícito no pudo haber inventado de la nada, sino que para ello tuvo necesariamente que haber retomado elementos de quienes en otro tiempo ya habrían considerado tal posibilidad, la posibilidad de generar un cambio en la conciencia de los ciudadanos, cambio orientado a generar una nueva vida moral y política.

En ese sentido, no está por demás retrotraerse en el tiempo para retomar algunos antecedentes, sobre todo cuando se ha planteado aquí mismo, que Morelos evoca el pensamiento renacentista.

Esa conciencia civil, en la que seguramente está pensando Morelos en ese momento y que sólo deja subsumida en los Sentimientos de la Nación, es la que en todo caso hay que interpretar y en su momento desarrollar; desde luego que para ese entonces, la idea de educación como medio para el desarrollo superior del ser humano no era nueva y menos para un estudiante destacado y acucioso como lo fue Morelos, que bien pudo haber abrevado en las fuentes de los teóricos más destacados hasta entonces.

En Comenio por ejemplo, la formación del hombre es una tarea de todos y para todos de modo tal que la virtud, el desarrollo de las buenas costumbres y el bien de la sociedad dependen de la educación. Estas mismas ideas ayudaron a la evolución de la política y al desarrollo del derecho natural y condujeron a buscar los fundamentos naturales del estado para derivar de ahí la función de la soberanía, el respeto a la justicia y a la ley.

Influenciado por esta misma corriente de ideas, Althusius, ya desde entonces (1557 – 1638) defendía el principio de la soberanía popular, sosteniendo que la validez del estado se encuentra en la soberanía del pueblo, misma que está fundamentada en un contrato tácito o explícito que pertenece exclusivamente al pueblo; derecho que le es por demás inalienable. Tales ideas, a las cuales ya se hizo referencia anteriormente, serían  retomadas un siglo más tarde por Rousseau.

En la misma línea de reflexión sobre los principios básicos de la vida política, nuevamente se aborda a Locke, para quien el fin supremo de la sociedad civil es la felicidad, haciendo particular referencia a las leyes de la opinión pública y la utilidad.  En este sentido la felicidad del individuo está en estrecha conexión  con la utilidad. De aquí se sigue que el derecho natural del hombre comprende el derecho a la vida, la libertad y  la propiedad, en cuanto fruto de su propio trabajo. Tales derechos deben ser garantizados y defendidos por el estado contra las arbitrariedades y abusos. En el Estado lockiano el poder supremo lo tiene una asamblea representativa. En consecuencia, el reconocimiento de la utilidad del pacto social con el cual todos se benefician, debe apoyarse en la educación del individuo tanto física, como moral e intelectualmente, para que pueda ser útil a sí mismo y a su patria.

Desde la concepción de Rousseau interviene el sentimiento en la formación de la conciencia civil, y resalta esta idea en tanto que armoniza la felicidad individual con la felicidad general; en Rousseau se encuentra una síntesis del desarrollo de la conciencia y la forma de cómo alcanzar la voluntad general, la que Hegel llamará más tarde autoconciencia, como la capacidad política que alcanza la libertad de todos los ciudadanos. Este proceso no trata de conservar intacta la libertad natural sino transformar la libertad civil en una libertad política.

Para garantizar esta libertad política las características del modelo que utiliza, aparecen delineadas en el Contrato Social, ahí encontramos  su modelo político, pero será en el Emilio, en donde nos mostrará el método de la formación que debe tener el nuevo hombre sobre el cual se debe construir el nuevo ciudadano. La voluntad general es la expresión democrática fundada en la voluntad de mayorías y minorías. No es una expresión cuantitativa, sino cualitativa. Aquí el poder legislativo es ejercido por todo el pueblo y no por el príncipe o por un parlamento representativo.

Rousseau, el creador de un nuevo modelo político base del nuevo estado liberal, marcará una diferencia con respecto a las ideas de Locke, para quien la libertad está supeditada a la utilidad del pacto social, en tanto que para él, la libertad es algo más que utilidad, es esencial al hombre y esencial al estado. Es una condición indispensable de su existencia.

Valga la breve explicación anterior para decir que lo que aquí interesa rescatar es el modo, la forma, el cómo lograr esa formación de la conciencia civil que incidirá necesariamente en el cambio de las costumbres, en la forma de vida de los hombres de la nueva nación que, de acuerdo con la línea  que sostiene Rousseau, una primera forma se da a través de la ley como la más calificada expresión de libertad política que lejos de subyugar debe perfeccionar al hombre, como un establecimiento del derecho a la igualdad natural al ser expresión de la voluntad general del cuerpo político, porque con ella se protege y se conserva la libertad y la justicia. El poder de la ley no está en la fuerza, ni en la ignorancia de los súbditos, depende de la sabiduría y del buen juicio del que la haya dictado, que tuvo que conformarla de acuerdo a la voluntad general. Pero su eficacia depende del aprecio y asimilación que hayan hecho los ciudadanos a través de una configuración personal con la voluntad general; tal asimilación personal, es decir, la confirmación, es la base de la identidad política, ideal del estado–nación moderno.

Desde luego que esta configuración supone un proceso, proceso que tiene como resultado la virtud. Rousseau retoma aquí el ideal de virtud de la polis griega, en el sentido de justicia, templanza, sabiduría y advierte que tal virtud, es el más grande resorte de la autoridad pública y que nada sustituirá a las buenas costumbres en el mantenimiento del gobierno si éstas se cultivan desde la niñez, mismas que deben estar centradas en la práctica de los valores ciudadanos.

La meta de tan grande empresa es lograr que cada ciudadano se sienta parte del cuerpo político y se identifique con el todo, que aprenda a amar a la patria por encima de los intereses individuales, a no esperar paga o reconocimiento por las acciones que realizamos a favor del Estado. Dice Rousseau: “…no puede haber patriotismo sin libertad, no hay libertad sin virtud, no hay virtud sin ciudadanos; crea ciudadanos y tendrán todo lo que necesiten. Sin ellos, no tendrás nada sino esclavos envilecidos, desde los gobernantes hasta los últimos miembros del Estado”.[15]

Rousseau advierte también sobre los peligros del poder y la riqueza que deben estar controlados por el sistema de legislación; por eso, en función de la formación de la conciencia ciudadana basada en el equilibrio moral de los griegos, propone retomando particularmente a Platón en La Republica: “…que nadie sea tan opulento para poder comprar a otro, ni nadie tan pobre para verse obligado a venderse… si queréis dar consistencia a la república, aproximad todo lo posible ambos términos; no consintáis ni opulentos ni mendigos”[16].

De lo anterior se desprende  que la libertad no puede existir, no es posible sin la igualdad y que el espíritu de la ley debe llegar a la conciencia de todos los miembros del cuerpo político, esto es, de toda la sociedad.

Así como Aristóteles, en la Política, considera de suma importancia la Educación que debe impartir el Estado, argumentando que la formación debe ser común, por cuanto se dirige a algo que es común; de la misma manera Rousseau señala que la educación pública en tanto orientada a la conservación del gobierno legítimo debe estar atendida bajo reglas prescritas por dicho gobierno y bajo la vigilancia de las personas adecuadas para ello, toda vez que es una vía efectiva, firme y segura  para formar y orientar la práctica de la libertad, la igualdad y otros principios y normas de la voluntad general. Según Rousseau, es la educación y su impartición  la tarea más importante y noble del estado.

Por lo que se refiere a la religión, Morelos fue profundamente respetuoso no tan solo de ella sino también de quienes la representaban, esto es, de la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, será congruente con su manera de pensar adquirida durante su adolescencia, en las más deprimentes condiciones de vida, reforzada como estudiante en el Colegio de San Nicolás y en el Seminario de Valladolid, corroborada con el ejemplo de sus maestros, principalmente Hidalgo y llevada a la práctica como sucesor de éste en el movimiento de independencia.

No es gratuito que en los Sentimientos de la Nación le dedicara no uno, sino cuatro artículos al tema religioso:

2.-        Que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra.

3.-        Que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los Diezmos y primicias, y el Pueblo no tenga que pagar más Obvenciones que las de su devoción y ofrenda.

4.-        Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó.

17.-      Que en la misma (nueva ley) se establezca por ley Constitucional la celebración del día 12 de Diciembre en todos los Pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra libertad María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual.

Como es de notarse, el sentimiento religioso y ético del Cura Morelos siempre formó parte de sus principales ideas y estuvo tan ligado a su vida, que jamás atacó la fe ni el dogma cristiano, sin embargo y dadas las condiciones de la guerra, en diversas ocasiones dictó advertencias enérgicas contra las autoridades eclesiásticas, en realidad guardó hacia ellas el respeto que su educación sacerdotal le obligaba a demostrar

Por eso mismo, cuando los españoles pretendieron hacer creer que la lucha de los americanos por la independencia no era más que una guerra de religión como táctica para minar la conciencia de los revolucionarios, esa fue una de las primeras cuestiones que consideró oportuno aclarar, porque era necesario que los religiosos comprendieran que los derechos de la patria eran más sagrados y que estaban por sobre los de cualquier persona o corporación, y que si las autoridades eclesiásticas insistían con obstinación en agraviarlos, tomaría las medidas convenientes para hacer un escarmiento.

Constantemente repetía que su ejército no era hereje y que estaba lejos de serlo. Muy por el contrario protegía la religión católica, procurando por todos los medios posibles conservar y defender la inmunidad de los sacerdotes que había sido violada tantas veces por el gobierno de la metrópoli.

Por eso cuando los obispos, aprovechándose de la fe cristiana de la gente del pueblo, lanzaban fuertes censuras al movimiento, les reprendió con energía señalándoles que en lugar de dedicarse a la descalificación deberían ponerse a la altura de los apóstoles, pues no era el momento para que se estuvieran dedicando a lanzar censuras indignas, pues con ello lograrían sólo una sumisión forzada, que daba origen a hipócritas simuladores y no vasallos fieles, sinceros y conscientes. En ese sentido, “sostenía que los sacerdotes debían dedicarse a las actividades propias de su investidura, que no era otra cosa que propiciar y cuidar de la felicidad de las almas”.

Congruente con esa actitud ética, desde el momento en que se adhirió al movimiento de independencia y tomó las armas, no se consideró a sí mismo como perteneciente al clero; sin embargo, es preciso hacer notar que siempre procuró que los pueblos que se hallaban bajo su jurisdicción militar tuvieran los sacerdotes necesarios a los que hacía concesiones para que no pagasen algunos impuestos, y exigía que las tropas tuvieran respeto a los fueros religiosos; en diversas ocasiones ayudó a jóvenes clérigos para que siguieran sus estudios, en cambio adoptaba una actitud muy estricta cuando alguno de ellos quebrantaba los mandatos del gobierno americano.

Habrá que recordar que una de las primeras ordenanzas que publicó encontrándose en el poblado de Aguacatillo en noviembre de 1810, fue que respetaran las obras pías, y solamente en caso de necesidad y por concepto de préstamo se podría disponer de los bienes del clero, pero deberían reintegrársele una vez que terminara la guerra, para que fueran dedicados exclusivamente a los fines religiosos a los cuales se les había destinado originalmente.

Preocupado porque se relajaran y no se diera estricto cumplimiento a los preceptos de la religión entre sus tropas y tratando de impedir que se violaran las reglas de moralidad cristiana, solicitó al gobernador provisor de Oaxaca que se otorgaran licencias a los curas que formaban parte de su ejército para que pudieran hacer uso de sus funciones y poder llevar a cabo los matrimonios de soldados que así lo requirieran, esta misma solicitud fue hecha a los obispos de Puebla y Michoacán.

De esta manera, trató de corregir la situación de muchas mujeres que se incorporaban al ejército por su propia voluntad y que encontraban en las tropas con quien casarse, como también de aquellas que habían ingresado  engañadas por quienes les prometían matrimonio o bien llevadas a la fuerza y violadas, haciendo que los responsables contrajesen matrimonio formalmente.

Y para que no quedara duda de su fe religiosa, trató de afirmarla en la conciencia de sus tropas, haciéndoles saber que la guerra no era en contra de la religión sino contra el gobierno español que oprimía y privaba de todos los derechos a los americanos, como son la libertad, la soberanía y la justicia.

CONCLUSION.

Como se ha podido observar en el transcurso de este trabajo se trató de resaltar la validez de los derechos humanos, bifurcados en sus distintas manifestaciones como pueden ser la libertad, la igualdad, la dignidad, en suma, el derecho a la vida en general.

Sin embargo, decir sólo el derecho a la vida es un término que por sí solo suena vacío,  suena hueco si no se toman en cuenta una multitud de determinaciones para su realización, dentro de las cuales es válido mencionar, aunque no las desarrollemos por ahora, condiciones físicas, ambientales, naturales, que desde luego juegan un papel de primerísimo orden en la vida de los individuos.

La humanidad cuenta con un gran avance científico y tecnológico, de tal manera que se puede afirmar categóricamente que en este campo hay un progreso extraordinario. Sin embargo, el hombre está escindido en la eficacia de la razón instrumental.

En el ámbito social sin embargo, tal avance no se refleja, el hombre no ha sido capaz de crear una cultura humanista que le permita trascender a un mundo más generoso, más solidario, más justo.

El acelerado desarrollo científico ha contribuido paralelamente a relegar a un segundo plano las preocupaciones filosóficas, éticas y humanistas de la sociedad, al carecer de una base filosófica y no partir de un concepto ético del hombre. Por ende, no delimitar su desarrollo sobre un concepto humanista con un anclaje axiológico, ha dado paso a un desarrollo social enmarcado en las reglas de la optimización económica y en el lucro como objetivo prioritario.

En la búsqueda de la armonía entre libertad e igualdad se han interpuesto infinidad de obstáculos. En el devenir histórico del hombre sin embargo, ha permeado el afán de un mundo mejor, ésta ha sido una lucha constante en la cual ha jugado un papel muy importante la acción política, es decir, el uso del poder como instrumento de control o como el catalizador de las diferentes tendencias que se han expresado a lo largo de la historia.

Morelos y los que le antecedieron dejaron constancia plena del tipo de nación que querían. Estos principios los vemos sintetizados, sustancialmente apretados en los Sentimientos de la Nación. Los que prosiguieron la lucha por la independencia, la soberanía, la igualdad, la libertad y la dignidad, también en su momento jugaron el papel que les correspondía, pero hoy, a casi dos siglos de distancia, tales objetivos no se han hecho realidad.

En esa perspectiva, planteo que valdría la pena retomar aquellas ideas que sostienen que hay que cambiar las estructuras sociales como una de las causas fundamentales de la falta de bienestar social equilibrado; donde haya que hacer vigente la observancia de los derechos humanos a través de una búsqueda permanente de normas, instituciones, valores y no el interés mezquino de los hombres.

Se reafirma entonces que debe haber un poder político sustentado en los derechos de los hombres donde la educación  para la formación de éstos, juegue un papel de primer orden en la perspectiva de crear un mundo más humano.

Se trata de dignificar ese poder político apoyados originariamente desde la familia y la escuela haciendo énfasis en la necesidad de un marco ético para el orden jurídico que reconozca como fundamento de la sociedad a la que rigen dichas normas, los valores de justicia y libertad.

Dar a la educación un sentido humanístico, con un elevado contenido moral, educarlo, formarlo para la vida. Porque si queremos que la sociedad mexicana, como cualquier otra, se consolide con seres humanos positivos, amantes de la vida, es necesaria la participación de tales instituciones, tanto como la del Estado para crear y reforzar los valores éticos.

La educación vista como un elemento que debe hacer bueno al hombre y en consecuencia, a la sociedad.

Estas ideas adquieren actualidad por el proceso de deterioro que sufren los valores naturales del hombre y por la amenaza también a los valores políticos con las estrategias culturales y económicas globalizantes y enajenantes, por la necesidad de redefinir desde el sistema educativo los contenidos socializadores: valores, normas y conductas en función de un modelo más humano.

Una educación auténtica que tenga como finalidad también la formación de un espíritu ágil y crítico, que le permita avanzar, comparar y proponer alternativas de desarrollo, creando instituciones y gobernantes enmarcados y desenvueltos en un marco con un contenido ético moral y que contribuya a garantizar la aplicación y respeto de un sistema de justicia con pleno apego a la legalidad e igualdad de oportunidades.

Se trata de una valoración ética que considere importante alcanzar un equilibrio entre el individuo y su libertad por una parte, y por otra, entre la colectividad y las formas de poder.

Porque se trata en fin, de recuperar valores como la igualdad, la justicia, la tolerancia, el diálogo y la responsabilidad como requisitos sine qua non de una sociedad con rostro humano.

En un mundo en que el ejercicio de la política tiende a girar en torno de la economía, recuperar la necesidad de una valoración ética que atienda las injusticias que persisten y que aspire a reducir la enorme distancia existente entre  riqueza y pobreza y por ende de todas las consecuencias que ello genera.

Líneas atrás se hecho alusión a la educación y a la libertad, pero éstas no se conciben sin tomar en cuenta la democracia. Porque la libertad debe verse también como la posibilidad que permite la capacidad crítica de los ciudadanos y el ejercicio de la soberanía, ambas situaciones fundamentales para un sistema democrático.

En ese sentido, ampliar la participación ciudadana como ejercicio democrático más allá de las elecciones de sus representantes a otros niveles sociales de organización fuera del ámbito oficial y estatal, como pueden ser por ejemplo la creación de una cultura democrática desde el seno familiar.

Sin embargo, como el educador también tiene que ser educado, el requisito fundamental que puede garantizar a las futuras generaciones la preservación del espíritu democrático, será asimismo la capacitación de padres y maestros para que eduquen a sus hijos y alumnos en el marco ético que permita crear, reafirmar y difundir un verdadera cultura democrática, pues ésta sin el soporte axiológico del quehacer cotidiano es imposible de lograr.

Por supuesto que se trata de la recuperación de la relación entre libertad y democracia como elemento significativo en las sociedades modernas; lo que implica la lucha por reivindicar el valor de la democracia tanto de la organización política como económica.

De tal manera que se conciba éticamente la democracia por crear las condiciones que permitan garantizar el ejercicio de la voluntad humana, en la búsqueda de satisfactores a sus necesidades, de una manera justa y equilibrada sin afectar a otros.

Por eso mismo, ver libertad y democracia como dos conceptos estrechamente entrelazados para cuya realización la primera requiere de un contexto democrático, así como la segunda requiere de un ámbito de libertad. No concebirlos como simples valores circunstanciales sino como derechos que deben ser defendidos, sistematizados y enseñados a todos los individuos, a todas las personas, para que estén en franca posibilidad de involucrarse en los asuntos políticos.

En suma, la libertad y la democracia concebidas como derechos inalienables de los individuos y como una exigencia de dignidad humana. Como decía Rousseau.

Como pudo haberse observado, en este trabajo no se está caracterizando ningún gobierno mexicano pasado ni presente, sino sólo abordando desde una posición filosófica, ética y moral los elementos generales que consideramos esenciales y significativos, susceptibles de desarrollar una política tendiente a abordar una serie de problemas ancestrales en nuestro país.

Tales elementos desde luego no son nuevos y no están siendo descubiertos por primera vez, muchas otras personas antes han hablado y escrito de la miseria, del hambre y la marginación de la mayoría de la población y de lo que jurídicamente representan Los Sentimientos de la Nación.

Lo que se ha hecho aquí, es:

  • Buscar los aspectos profundamente humanísticos de los Sentimientos de la Nación de Don José María Morelos.
  • Encontrar el contenido ético y político en sus veintitrés aspiraciones que constituyen el articulado.
  • Mostrar que a más de cien años de los inicios de la independencia mexicana y de la promulgación de tan significativo documento, sigue vigente y se agranda cada vez más la distancia entre la opulencia y la indigencia, persistiendo una incongruencia entre el ser y el deber ser, entre la realidad legal y la verdad moral.
  • Por último, dejar sentado que es preciso retomar los principios fundamentales que den un nuevo rumbo a la sociedad política mexicana, jerarquizando los problemas y formar a la gente desde la niñez para la libertad, para la democracia, para la política, para conquistar el bienestar social.

 

Es por demás innegable –y hay que estar plenamente conscientes de ello–, que este trabajo no está del todo concluido, hay mucho que investigar y agregar para que pueda ser más amplio y exhaustivo pero también más rico y profundo dada la particularidad del tema, pues hay muchos otros enfoques. Por lo que esto sigue siendo un reto.

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Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua español (1997), Grijalbo Mondadori, Barcelona.

ANEXO.

Los Sentimientos de la Nación[17]

 

Chilpancingo, 14 de septiembre de 1813.

José María Morelos. Rúbrica.

  1. Que la América es libre, e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía y que así se sancione dando al mundo las razones.

 

  1. Que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otras.

 

  1. Que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los diezmos y primicias; y el pueblo no tenga que pagar más obvenciones que las de su devoción y ofrenda.

 

  1. Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia que son el Papa, los Obispos y los Curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó.  Mateo, Cap. XV.

 

  1. Que la Soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en legislativo, ejecutivo y judicial eligiendo las provincias sus vocales y éstos, a los demás que deben ser sujetos sabios y de probidad[18]

 

  1. Que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos[19]

 

  1. Que funcionarán cuatro años los vocales turnándose, saliendo los más antiguos, para que ocupen el lugar los nuevos electos.

 

  1. La dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de 800 pesos.

 

  1. Que los empleos los obtengan solos los americanos.

 

10.  Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir, y libres de toda sospecha.

11.  Que la Patria no será del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal y echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tanto se ha declarado contra esta nación.

12.  Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y Patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.

13.  Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados: y que éstos, sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio. Que para dictar una ley se discuta en el Congreso y habida pluralidad de votos.

14.  Que para dictar una ley se haga junta de sabios, en el siglo posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieren resultarles[20]

15.  Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un Americano de otro, el vicio y la virtud.

16.  Que nuestros puertos se franqueen a las Naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al Reino, por más amigas que sean, y sólo haya puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarco en todos los demás y señalando el diez por ciento u otra gavela a sus mercancías.

17.  Que a cada uno se le guarden sus propiedades, y respete en su casa, como en un asilo sagrado, señalando penas a los infractores.

18.  Que en la nueva legislación no se admita la tortura.

19.  Que en la misma se establezca por Ley Constitucional, la celebración del día doce de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra Libertad María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual.

20.  Que las tropa extranjeras o de otro reino, no pisen nuestro suelo, y si fuera en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta.

21.  Que no se hagan expediciones fuera de los límites del Reyno, especialmente ultramarinas, pero que no son de esta clase, propagar la fe a nuestros hermanos de tierra dentro.

22.  Que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que nos agobian y se señale a cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias[21] u otra carga igual de ligera, que no oprima tanto, como la alcabala, el estanco, el tributo y otros; pues con esta[22] contribución y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.

23. Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre, todos los  años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia, y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la Nación, para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oída, recordando siempre el mérito del grande héroe el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende


[1] …la democracia constitucional en cuanto orden jurídico-político que da lugar a la demanda de los ciudadanos en un ámbito de lo público configurado democráticamente bien puede ser considerada como la finalidad de la democracia actual…más allá de la clasificación que es posible hacer de la democracia –sobre todo aquella de carácter liberal—en función de sus distintas acepciones por la manera en que se conciben las libertades liberales, la cuestión de fondo sigue siendo la relación de éstas con el problema de la justicia social. Rendón Alarcón, Jorge. La ciudadanía como identidad política. En Política, identidad y narración., UAM, CONACYT  Y  MIGUEL ANGEL PORRUA, México, 2003, pp. 164.

[2] Sánchez Vázquez, Adolfo. Filosofía y circunstancias. Anthropos, Barcelona; Facultad de Filosofía y Letras (UNAM), México, 1997,  pp 55.

[3] Estamos,  pues,  ante un movimiento unánime de las clases populares, sin antecedente en la historia de toda América y sin paralelo en el proceso emancipador del Continente, que da un sello muy peculiar al de Nueva España. Alamán, con su habitual claridad y no menor antipatía por la revolución, resume así la situación: …No fue la (la revolución de 1810) una guerra de nación a nación…fue sí un levantamiento del proletariado contra la propiedad y la civilización. Villoro, Luis. El proceso ideológico de la revolución de Independencia. Editorial CONACULTA, México, 1999. pp.94-96.

[4] González, Juliana. El ethos, destino del hombre. F.C.E., México, 1997. Pp. 11.-Los subrayados son nuestras.

[5] Herrera Peña, José. Maestro y discípulo. Cita tomada de la revista Altamirano no. 22, editada por el H. Congreso del Estado de Guerrero, a través del Instituto Eduardo Neri, de septiembre-octubre del 2001, pp. 242-243.

[6] Herrera Peña, José. Ob. Cit. Pp. 258-259.

[7] Nota tomada de Villoro, Luis. Ob. Cit. Pp. 98.

[8] Arriaga Ochoa, Antonio. Morelos. Documentos. En dos tomos, tomo I, Gobierno del Estado de Michoacán, 1965.

[9] Arriaga Ochoa, Antonio. Tomo I, Ob.cit.

[10] Arriaga Ochoa,Antonio. Tomo I, Ob. Cit.

[11] Montesquieu, Del espíritu de las leyes. Porrúa, México, 1977. Pp. 104, 115 . Tomado de BOBBIO, Norberto. Las teorías de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político. F.C.E.. México, 1976. Pp. 130-131.

[12] Galeana, Patricia (compiladora). México y sus Constituciones. F.C.E., 1998, pp. 42.

[13] Arriaga Ochoa, Antonio. Tomo I. Ob. Cit.

[14] Nota tomada de Ignace Lepp, La nueva moral, Ediciones Carlos Lohlé,  Buenos Aires, 1964. Pp. 41.

[15] Cita tomada de Brading, David A. El patriotismo criollo y la nación mexicana. En cinco miradas británicas a la historia de México. CONACULTA,  INAH, 2000. PP. 93.

[16] Rousseau, Juan Jacobo. El contrato social, cap. XI, pp. 28.

[17] Facsímil del manuscrito original de los Sentimientos de la Nación con la rúbrica de Morelos, en poder del general Lázaro Cárdenas. Cortesía del licenciado Antonio Martínez Báez. Tomado de Morelos Documentos, (compilación) en dos tomos, tomo I, pp. 29-36, del Lic. Antonio Arriaga Ochoa, editado por el Gobierno de Michoacán en 1965.

[18] Tachado en el original: “depositarle en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias en igualdad de número”.

[19] Tachado en el original.

[20] Tachado en el original.

[21] De semillas, y demás efectos, tachado en el original.

[22] Ligera, tachado en el original.

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